miércoles, 23 de febrero de 2011

Camino Primitivo: las notas (23 y 24)

23
De pronto veo a lo lejos, al final de la larga recta, a un peregrino caminando. Es el primero que me voy a encontrar sobre la ruta desde que empecé el Camino en Oviedo hace una semana. Ya solo nos quedan unos pocos kilómetros hasta la cima del Monte del Gozo y el descenso final hasta Santiago. Supongo que le alcanzaré antes. En ese momento un coche se pone a mi altura y su conductor me saluda. El asiento de al lado lo ocupa su señora. Como no viene ningún otro coche hablamos algo. (Para quien no lo sepa, en este tipo de encuentros fugaces suelo ser bastante simpático, aunque últimamente me repito mucho.) Cuando nos despedimos y, de nuevo solo, vuelvo a mirar hacia adelante ya no veo al peregrino. Pues tan rapido no iba, francamente. Al cabo de unos minutos me lo encuentro sentado junto a un muro a la entrada de una finca. Parece que está enfadado.
-Oye, ¿tu sabes cuánto falta para el Monte del Gozo?
-No puede faltar mucho.
-Pues al cartel que pone que faltaban doce kilómetros para Santiago lo he pasado hace ya más de dos horas. Voy a cuatro y medio o cinco kilómetros por hora. A ese ritmo ya debería estar por lo menos a la entrada de la ciudad y en cambio ni siquiera veo dónde está el Monte.
​-Es raro, sí.
-Aquí lo que pasa es que esta gente nos hace dar vueltas y más vueltas por los alrededores para enseñarnos monumentos, iglesias y otras cosas en lugar de llevarnos directamente a Santiago.
Me encojo de hombros, le doy la razón, le deseo suerte, me despido y sigo. Todavía tardaré casi media hora en llegar a lo alto del Monte.


24
En la última etapa se muere mucha gente, por lo visto. Supongo que antes también, pero es a partir de Arzúa cuando he contado, al borde del camino, al menos tres recordatorios en memoria de peregrinos que nunca llegaron a Santiago. Entre Oviedo y Arzúa no he visto ninguno. Sobre ellos o a su lado, junto a algunas flores ya mustias, unos pequeños montoncitos de piedras levantados por peregrinos que pasaron por allí y se detuvieron unos instantes antes de, ellos sí, continuar su camino, se levantan a modo de homenaje particular. Aquí sí que se juntan todos los caminos y tanto da si saliste de Sarria para hacer el Camino en cuatro días justitos como si llevabas tres semanas y media de caminata desde Roncesvalles: la compostela ya no te la dan.

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