viernes, 4 de febrero de 2011

Camino Primitivo: las notas (5 y 6)

5
El albergue de peregrinos de Salas no tiene hospitalero oficial. El peregrino tiene que pasarse por el restaurante Casa Pacita a que le den las llaves. Después de prometer que mañana no se marchará sin devolverlas, le dicen donde está el albergue y hacia allí se va solo con su mochila. El albergue ocupa los bajos de un edificio nuevo a la entrada del pueblo, pasado el tanatorio y la fábrica de danones y a poca distancia del restaurante de doña Pacita según se dobla la esquina. Doña Pacita es realmente la propietaria del local, cuyo uso cede a los peregrinos que van a Santiago sin pedir de ellos más que cinco euros de donativo para mantenerlo limpio y pagar los recibos del agua y la luz. (En el Camino de Santiago el concepto de donativo recuerda un poco al de las papeletas de la lotería de Navidad, si bien es verdad que en Salas nadie sigue al peregrino para ver si lo deja o no en la hucha antes de partir.)
No hay nadie en el albergue cuando llego y ya son casi las seis de la tarde, así que no es de esperar que vaya a tener compañía ya, lo que es un alivio porque hoy no tenía muchas ganas de pasarme lo que queda del día hablando, francamente. Al escribir mi nombre en el registro -en Salas el peregrino se lo tiene que hacer todo él, ya he dicho que no hay hospitalero que valga- leo que anoche pararon aquí tres peregrinos más de Valladolid que empezaron a caminar ayer mismo en Grado. Pues como uno de ellos se haya escaqueado a la hora de dejar el donativo, el que al final va a quedar mal ante doña Pacita voy a ser yo.

6​
En El Pedregal decido pararme a comer algo del jamón que me traje de casa junto con el panecillo que he comprado en La Espina. Todavía no son las once de la mañana pero estoy con un café con leche desde que salí de Salas a eso de las siete (y gracias que estaba el bar abierto). ​Dejo la mochila junto a la entrada de la iglesia y me acerco a la fuente con la botella en la mano. ​Cuando voy a llenarla una señora que sale en ese momento de la casa de enfrente me dice que mejor que de esa fuente no, que el agua es potable, pero que mejor que no.
-Las vacas del campo, ya sabe.
La señora me guía hasta un cobertizo que hay junto a su casa y me deja llenar la botella de genuina agua del grifo.
-Así que haciendo el Camino, ¿eh? Yo también lo hice hace algunos años.
-¿Ah, sí ¿Y desde dónde?
-Coño, desde mi casa.

1 comentarios:

Dani dijo...

Jajajajajajajaja, reconozco que voy con retraso, poniéndome al día con tus notas Bernardo, pero esta última frase es genial.