martes, 16 de enero de 2007

Marchadores al tren

Los maratones más importantes del mundo se celebran en Nueva York, Boston o Berlín. Los torneos de tenis en París, Melburne o Londres. Las veladas de boxeo en Las Vegas. Las carreras de Fórmula 1 en Montreal, India- nápolis o Shanghai. Las pruebas de marcha de gran fondo más importantes…
Ya ves, las pruebas de marcha de gran fondo más importantes se organizan en lugares como Bourges, Chateau-Thierry, Vallorbe, Graide, Roubaix… Ciudades de provincias muchas de las cuales ni siquiera sabes dónde caen y más te vale que te pongas a buscarlas en el mapa antes de decidirte a enviar tu inscripción. Y luego, a ver cómo vas hasta allí, te preguntas. Porque a Nueva York, Boston, Berlín, París, Melburne, Londres, Las Vegas, Montreal, Indianápolis o Shangai irías en avión. Facturarías las zapatillas, las raquetas, los guantes o ese juego de neumáticos rallados por si llueve y listo. Puerta 35 a las cuatro menos veinte. Pero a Bourges, Chateau-Thierry, Vallorbe y a todos esos sitios… A ver cómo vas, te preguntas por segunda vez.
Pues en tren, cómo si no, maldita sea. Y el problema ya empieza en las taquillas de la Renfe o de la SNCF -que tampoco son moco de pavo, estos franceses-, que entre unos y otros te quieren organizar el viaje cuando tú ya tienes una guía de ferrocarriles que te compraste precisamente para eso y lo único para lo que los necesitas es para que te vendan el billete, que si no luego el revisor te empapela.
-¿Un billete? ¿En Talgo?
-No, en tren normal.
-Pero el Talgo es más rápido.
-No tengo prisa.
Tampoco es eso exactamente, pero a ver cómo le explicas al tipo de la taquilla que de qué coño te sirve ganar tres horas si eso te va a representar llegar a tu destino a las cuatro de la mañana en lugar de a las siete. Porque lo de llegar a las cuatro de la mañana, incluso en tren de los que tú llamas normal, ya lo has tenido que hacer más de una vez. A las cuatro es la hora en que siempre llegas a Dijon y a ver qué hago a estas horas, te dices cada vez que pisas el andén de la estación.
-Pues tendrás que hacer trasbordo en Montpellier o en...
-Sí, ya sé dónde, no se preocupe.
Lo de los trasbordos también tiene su encanto, no lo puedes negar. Porque hay veces que has tenido que hacer hasta tres y cuatro y en cada uno de ellos has ido a un bar y en alguno hasta te ha sobrado tiempo entre que te bajabas de un tren y te subías al siguiente para dejar tus trastos en la consigna y salir a hacerte unos kilometritos por ahí. En Toulouse, a lo largo del canal del Midi. En Cerbere, por la carretera de la costa en dirección a Banyuls sur Mer (de hecho, una vez te cargaste la mochila a la espalda y llegaste hasta Banyuls y tomaste el tren allí, tendrían que habértelo descontado del precio). En Portbou, por el paseo de la playa.
Y a todos esos sitios vas en tren, vale, pero también vuelves. Y cuando vuelves estás mucho más cansado, te duele todo a veces, y llevas más equipaje, porque has ganado un trofeo y te han regalado un par de botellas de vino o de champán, y quizás hasta una cafetera o una caja de herramientas. Así que ahora en los trasbordos te quedas en el bar tomando café, ya no te vas a estirar las piernas. Y lo haces, lo de viajar en tren, dices, porque no te queda más remedio, es verdad, pero también porque en el fondo eres un poco como aquel cantamañanas de George Ticknor, que en 1818 recorrió en diligencia el trayecto entre Barcelona y Madrid y después de desgranar todas la serie de penurias sufridas en las trece interminables jornadas que pasó sobre caminos polvorientos, alojándose en posadas infestadas de chinches, afirmó que en su vida había hecho un viaje tan divertido.

1 comentarios:

Alfonso dijo...

Ir en tren puede ser un poco desesperante, pero es porque andamos muy agobiados. Pero el viaje es mucho más interesante que hacerlo en avión, y mucho más ahora. Seguro que te han pasado cosas increibles. Tennos al día.
Saludos