martes, 26 de septiembre de 2006

Cada día

Normalmente, la gente que se dedica a esto de cubrir kilómetros, ya sea marchando (como Dios manda) o corriendo (allá ellos), suele entrenar seis días a la semana. No descansa necesariamente el séptimo, pero sí descansa uno de los siete. Normalmente. Porque hay gente que no descansa nunca o casi nunca. Ron Hill, maratoniano británico que participó en dos Juegos Olímpicos, no ha dejado de correr un solo día desde hace más de cuarenta años. Es lo que los anglófonos llaman un streak runner. En los Estados Unidos existe incluso una asociación de streak runners que reúne a todos aquellos que no han dejado de correr un solo día desde hace al menos un año. Nadie supera a Ron Hill, pero más de una decena de sus miembros lleva corriendo cada día desde hace al menos quince años. Para ellos la pregunta no es si ese día van a correr o no, sino a qué hora van a hacerlo. Alguno se preguntará que cómo se puede demostrar que uno corre realmente todos los días. Pero es que no es necesario demostrarlo. Somos deportistas y entre nosotros la sola palabra basta, a ver si empezamos a entenderlo. Otra cuestión un tanto diferentes es determinar qué se considera realmente un entrenamiento. El mismo Ron Hill tuvo que ser operado hace muchos años del tobillo y durante varias semanas sus entrenamientos se redujeron a acudir a la pista y dar dos dolorosas vueltas apoyándose en unas muletas. Daba dos por la mañana y otras dos por la tarde. No faltan los tiquismiquis que afirman que eso no debería valer, bien porque lo de correr ayudándose con unas muletas es hacer trampas, bien porque 800 metros es demasiado poco para ser considerado un verdadero entrenamiento por mucho que le doliera a Hill poner un pie en el suelo. ¿Cuál es, pues, el mínimo aceptado o, mejor dicho, aceptable? Aquellos días en que correr se hace difícil, algunos streakers recurren a lo que llaman una token mile, es decir, una milla testimonial (convendría que todos fuéramos aprendiendo un poco de inglés y así no tendría que estar traduciendo todo el rato, ¿vale?). Incluso algunos de ellos, en el colmo de la pereza, no dudan en correrla por los pasillos de casa con tal de poder apuntársela. (Y luego van y lo cuentan tan tranquilos, ya ves.) Otros consideran que el mínimo debería ser al menos dos millas. Yo estoy con estos últimos. Dos millas o su equivalente métrico, es decir, tres kilómetros.
Y lo digo porque con el entrenamiento de hoy, llevo 60 días seguidos saliendo a la calle a entrenar (vamos, desde que me recuperé de aquella diarrea que me duró casi una semana). Él máximo período de tiempo que he llegado a entrenar día tras día de forma consecutiva es de 748 días, es decir, algo más de dos años, y eso fue entre el 1 de julio de 1985 y el 18 de julio de 1987. En ese período recorrí 10.947 km. En ese período hice mis mejores marcas en 20 y 50 kilómetros. Poco después de interrumpir mi racha me fui al campeonato de España e hice el ridículo. He superado el año solo en otra ocasión. A partir del 29 de septiembre de 2001 entrené a lo largo de 670 días consecutivos, esto es, hasta el 30 de julio de 2003, e hice un total de 9.136 kilómetros. A partir de ahí tengo períodos de 230 días, de 128, de 101, de 98, 93, 85… Los días consecutivos que he pasado sin entrenar no los he contado jamás. Igual también debería hacerlo, ahora que lo pienso.

4 comentarios:

maria dijo...

Tampoco debería valer los días que no te apetece correr y lo haces simplemente para no romper una marca de días seguidos corriendo. ;)

Bejota dijo...

No había caído en ello, pero tienes razón. Vaya. Pobre gente, tanto correr para nada (los marchadores somos diferentes).

maria dijo...

¡Buen despeje!

Vicente Rodrigo dijo...

Me ha gustado mucho este post, la información y cómo está escrito.

No sabía yo que había una asociación con gente así.

Luego ellos se levantan por la mañana con un "cargo" y cuando corren descansan.