jueves, 1 de febrero de 2007

Técnica (II)

En 1995, la Federación Interna- cional de Atletismo introdujo una serie de modifi- caciones en el reglamento de la marcha, estableciendo, entre otras cosas, que a partir de ese momento, para que la progresión del marchador fuera considerada correcta, la pierna que avanzaba debía mantenerse recta, es decir, no doblada por la rodilla, desde el momento en que tomase contacto con el suelo hasta que alcanzara la posición vertical. Hasta entonces, el reglamento establecía únicamente la obligación de que la pierna estuviera recta tan solo un momento, concretamente al encontrarse en posición vertical. Esta modificación no parecía tener otro objeto que esconder la por otra parte demostrada incapacidad de la Federación Internacional para encontrar una solución al que desde hace ya algunas décadas es el verdadero gran problema de la marcha: la continuada pérdida de contacto que se manifiesta impunemente en las grandes competiciones internacionales.
El cambio de las reglas no solo no ha solucionado problema alguno –la gente sigue corriendo que se las pela- sino que ha creado otro. Y es que de esta manera ha quedado establecido como obligatorio un determinado estilo de marcha –completamente desconocido a mediados del siglo pasado- que exige también, para ser desarrollado con cierta naturalidad y fluidez, una determinada velocidad mínima, la cual está en función de las capacidades de cada atleta. En otras palabras: con ese estilo no se puede marchar despacio. ¿O es que la gente que camina por la calle a un ritmo de 12 minutos por kilómetro lo hace manteniendo la pierna recta desde que toma contacto con el suelo hasta que alcance su posición vertical? Evidentemente, no. Lo haría si tuviera que caminar a 5 minutos el kilómetro, eso sin duda, pero a 12 minutos se trataría de un gesto tan artificial como inútil. ¿Se podría entonces determinar que el suyo es un estilo de marcha fraudulento? Habría que ser imbécil para afirmar eso.
Esta modificación del reglamento aplicada a rajatabla –de qué otra manera puede aplicarse un reglamento, cabría preguntarse- convierte además en inviables las pruebas de marcha de gran fondo. Un marchador que progresa a un ritmo de entre 6 y 8 minutos por kilómetro durante 200 kilómetros no puede -ni tiene por qué desde un punto de vista meramente biomecánico- mantener la pierna recta desde el mismo momento en que esta toma contacto con el suelo. La única manera de marchar un alto número de kilómetros a una velocidad relativamente lenta es hacerlo según el "antiguo" estilo, ahora proscrito. Que la Federación Internacional cometió un gran error al proceder a la modificación del reglamento es algo que ha venido a quedar del todo corroborado por el hecho de que las pruebas de marcha de gran fondo han seguido celebrándose allí donde se venían celebrando desde siempre: Francia, Gran Bretaña, Suiza, Países Bajos, Australia… ¿Cómo? Coño, pues no aplicando el reglamento, así de sencillo.

Coda final. Los efectos colaterales de este cambio de las reglas han hecho mella sobre todo en los marchadores de gran fondo. Habituados al estilo de marchar propio de su especialidad (más bien una especialidad dentro de una especialidad), cualquier retorno temporal a las pruebas que en Francia se denominan acertadamente “de velocidad” (hasta 50km) conlleva no pocos problemas de readaptación. El marchador de gran fondo que compite en 5, 10 o 20km se encuentra de pronto con que tiene que cambiar su estilo, concentrándose en mantener la pierna recta aún cuando su ritmo sea muy inferior al de los grandes especialistas en la velocidad y no lo necesite. Digo esto porque, como le he visto ya las orejas al lobo, a mis cuarenta y tantos tacos y con casi veinticinco de marcha llevo toda la semana haciendo técnica como un gilipollas. Tiene cojones el asunto.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

cuando tienes razón "te se dá"

saludos.

suerte el "finde"

manolo treus
S.G. Pontevedra

Mária dijo...

Sin duda, eso de la técnica tiene que ser de lo más complicado.

Bernardo José Mora dijo...

"Impossible is nothing". O sea, nothing.