miércoles, 11 de julio de 2007

Roubaix, segunda parte

Solo he participado una vez en las 28 horas de Roubaix. Fue en 1998. Ese año había tomado parte en los 200km de Dijon, en los que abandoné a mitad de prueba, y en las 100 millas de Schiedam, que gané. Recuerdo que escribí a los organizadores pidiendo información y me contestaron con una amable carta que, traducida libremente del francés, decía "sí, bueno ¿pero tú quién coño eres?". Total, que les tuve que mandar mi currículo de gran fondo, que aunque no era muy extenso por entonces -incluía esa victoria reciente en Schiedam que ya digo, un cuarto puesto en las 24 horas de Ruán de 1995 (foto), un undécimo en las de Vallorbe de ese mismo año y un noveno en las de Bazancourt de 1996-, se ve que les bastó, porque solo unas semanas después de enviarles mis credenciales recibí la invitación.
En Roubaix casi me retiré otra vez y si no lo hice fue porque tenía que cubrir un número mínimo de kilómetros para cobrar el dinero para los gastos del viaje que me habían prometido. De hecho, estuve mucho tiempo parado durante la noche, sentado en el interior de una carpa viendo llover -en Roubaix llueve casi siempre y aquel año no fue una excepción-, de manera que pasé del sexto lugar en el que iba tras las primeras siete u ocho horas al decimooctavo en que termine, menudo desastre. Al final me llevé un trofeo enorme y un aparato reproductor de CDs que elegí yo mismo de entre un montón de trastos después de tener que aguantar una larguísima ceremonia de entrega de premios, con discursos de unos y otros y con una cincuentena de atletas que llevábamos casi cuarenta horas sin pegar ojo, con lo que es de imaginar el entusiasmo con el que aplaudíamos los diferentes parlamentos.
Han pasado casi diez años y las 28 horas no han cambiado mucho. Han modificado el circuito, eso sí -y es un alivio, porque el de 1998 era tan enrevesado que necesitabas marchar al menos cuatro o cinco horas por él para aprendértelo de memoria-, pero lo demás sigue igual. Es una de las pruebas de marcha más antiguas del mundo, ya que lleva 54 años consecutivos celebrándose, pero no hay página web en la que informarse, ni dirección de correo electrónico a la que dirigirse para preguntar. Incluso, por lo que veo en la carta que me ha enviado, el organizador escribe con su misma máquina de siempre.
Este año, ya lo he dicho, vuelvo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Eso demuestra Bernardo que hay vida fuera de internet. Esperemos que en la edición de este año no llueva o que almenos los parlamentos no sean tan largos. Mejor ambas cosas.

Venga ánimo y a por esa cafetera de ensueño...

Jordi Guiral

PD. Te encontramos a faltar por Vitoria será en otra ocasión aunque espero que pronto. Nada mejor que compartir competición con un amigo.

la granota dijo...

(Qué bueno lo de la vida fuera de internet)
Espero que en esta ocasión te lo pases mucho mejor.
Entrena y estira ;)

Wayi dijo...

Lo de estirar es un mito!
rueda con los cascos de clases de francés ;)

P.D.- Un abrazo para Jordi! A ver si nos vemos

la granota dijo...

¿algo en contra de los mitos?

Anónimo dijo...

Hola Bernardo y cia

La pregunta realmente es: "¿hay vida fuera de la marcha?" Ahora que la he probado se que no hay

Jordi Guiral

Saludos aunque me tenéis despistadillo con lo de los apodos