jueves, 25 de febrero de 2010

¡Maldita sea!


En el kilómetro 15 empiezo a avituallar sólido. Más o menos. Es bizcocho. Paso del plátano y evito los frutos secos. Hace un frío que pela y bebo té. Alterno bizcocho y té a cada vuelta. No voy cómodo. He empezado más atrás del puesto décimo y he conseguido subir tan solo un par de posciciones en estos casi ya 20 kilómeros. Y gracias a que ha abandonado el favorito, el suizo Urbain Girod. Esto se me está haciendo larguísimo. Y son nada menos que ocho horas. (Las "8 horas de Charly", para los que hayan llegado tarde.)

A las tres horas me pongo por objetivo pasar con un tiempo decente por los 50 kilómetros y dejarme ir el resto de la prueba. Que serán casi otras tres horas más, cágate lorito. Con esta idea aumento el ritmo y avanzo alguna posición más. Doblo nuevamente a Sandra y la saludo con la mano porque como marcha a su bola escuchando música no se entera de lo que le digo. Ahora no hace tanto frío y cambio el té por cocacola (no hay rastro alguno de isotónico). Y sigo con el bizcocho. En el kilómetro 40 echo una mirada al enorme tablón que refleja la clasificación provisional y veo que voy tercero. No contaba con eso. Llevo unas pastillas energéticas y las he ido dosificando para llegar medianamente airoso al 50 y que luego Dios diga. Va a ser una lástima que después pierda el podio, pero no me veo marchando así hasta que se cumplan ocho horas y vivir para contarlo. Solo llevo poco más de cuatro. Por el 50 paso finalmente en 5:17. Y con las piernas castigadísimas. Christophe Erard, que iba líder, abandona a la siguiente vuelta. Así que ya soy segundo. La cosa empieza a complicarse de verdad. Miro el tablón para saber quién es ahora tercero. Philipe Gilles. No le conozco. A Gilles Letessier, que tiene un gran final, ya lo he doblado, así que no creo que pueda recuperarme tanto. Me preocupa Alain Costils, que no debe de andar muy lejos. Perder el podio yendo tercero no es lo mismo que perderlo yendo segundo. Eso me tocaría bastante los huevos, francamente. Así que me va a tocar sufrir. Y todavía me quedan dos horas y media. Y encima ahora me tengo que parar a mear.

A la vuelta siguiente doblo a Patrick Lailler que me dice que el primero está allí delante mismo. Lo que me faltaba, oye. En la siguiente recta larga le veo. Es Philippe Vit. Debe de haber bajado bastante el ritmo porque me aproximo muy rápidamente a él. Un poco más de bizcocho y en esa misma vuelta le alcanzo y lo dejo atrás. Al pasar por la zona donde están los avituallamientos oigo como alguien un tanto despistado comenta que voy segundo. Lo desmiento con el pensamiento: "No. Voy primero. Maldita sea".

3 comentarios:

Kiko Rodriguez dijo...

Siempre tiene que haber algun aguafiestas;-)

la granota dijo...

Je, me ha encantado esta crónica. La putada de tener posibilidades de ganar.

cierzo dijo...

Gracias por ponerlas, en esta todavía no te conocía, o más bien no conocía tu blog.

Cómo escribes, cabronazo.