lunes, 23 de abril de 2007

Solos en la carretera (II)

Los primeros 30 kilómetros discurrían por lo que en otro tiempo fue la Vía Domicia, la antigua calzada romana que unía el Piamonte con los Pirineos a través de todo el sur de Francia y que hoy es simplemente la N9 –la clase de Historia va por cuenta de la casa-, y los fuimos cubriendo sin mayor novedad, marchando por la derecha de la ruta atentos a los coches que pasaban rozándonos, y estableciendo ya importantes distancias entre unos y otros. Al entrar en España, marchaba codo con codo con el checo Simon. Acabábamos de sobrepasar al francés Duboscq en las mismas calles de Le Perthus y teníamos ya solo dos hombres delante, el ruso Rodionov y el francés Coulombel. Al primero ya no le veíamos y al segundo no tardaríamos en perderle también de vista. Al pasar por La Junquera, después de afrontar como pudimos un par de rotondas y mientras los camiones pasaban a nuestro lado a toda velocidad llevándosenos las gorras, aproveché para traducirle a mi amigo checo al inglés lo que quería decir eso de “Carretera mortal” que podía leerse sobre un muro junto a la cuneta de la NII.

Entramos en Figueras ante el estupor de conductores y peatones que ni puta idea tenían de que por allí iba a pasar una carrera y no conseguían explicarse que coño hacían dos tipos con un número en el pecho y otro en la espalda avanzando entre los coches detenidos en los semáforos subiendo y bajando de las aceras y sorteando a la gente. La organización había dispuesto a una serie de voluntarios en algunos de los puntos conflictivos del recorrido, pero solo en algunos, así que antes de cruzar una calle el checo y yo teníamos que detenernos y mirar a derecha e izquierda.
Al poco de salir de Figueras y tras saludar a un par de prostitutas que hacían la carrera -ellas también- junto al arcén, perdí contacto con el checo -me tuve que parar a mear- y poco a poco fui perdiéndole también de vista. Por detrás de mí tampoco se veía a nadie. En estas que pasaron un par de horas más y ya cerca de Gerona empezó a hacerse de noche. Recto, siempre recto, me decían desde el coche cada vez que, al ver las señales que indicaban las salidas hacia Gerona norte, sur este y no sé si también oeste, me giraba para preguntar por dónde carajo debía tirar. No había indicación alguna sobre la ruta a seguir y los voluntarios hacía ya muchos kilómetros que habían desaparecido por completo. No había nadie en los cruces. No había nadie en ninguna parte. Nadie controlaba ya aquella maldita carrera. Hasta los mismísimos Mozos de Escuadra, que se supone que eran los que debían cuidar de nuestra seguridad, se limitaban a circular arriba y abajo en sus coches patrulla tocándose los cojones.
A todo esto, yo iba bastante bien, quizás porque estaba más preocupado por salvar la vida que por la propia carrera en sí, que a estas alturas ya me importaba un huevo. Vamos, que firmaba el cuarto puesto y hasta un quinto.
(Continuará...)

2 comentarios:

la granota dijo...

Fíjate por dónde, resulta que la marcha es un deporte de riesgo.

Jose M Garcia-Millariega dijo...

Soy José M. García-Millariega
Ultradistance Runner, Asturias
Estoy escribiendo un libro se
"Historias de las grandes distancias"
Desearía contactar, por favor, con Bernardo José Mora
985364097 - 676397613
asturfidipides@yahoo.es
Gracias
JMG-M