viernes, 13 de julio de 2007

Manual del perfecto avituallador

A veces se les ve fugazmente en la tele. El marchador pasa a toda leche ante el puesto de avituallamiento y una mano amiga le acerca el botellín con el isostar. Acompaña el gesto con unas palabras de ánimo, información sobre tiempos de paso y situación de los rivales, y, según la confianza que tengan, aprovecha también para incluir las debidas instrucciones.
La cosa no tiene mayor secreto. Encargarse del avituallamiento del marchador en competición está al alcance de cualquiera que tenga dos dedos de frente y un mínimo de paciencia. Pero eso, claro está, en el supuesto de que se trate de las pruebas olímpicas (lo que los franceses llaman "marcha de velocidad"). Las pruebas de gran fondo tienen unas características propias que hacen que las responsabilidades del avituallador aumenten y que la dependencia del marchador con respecto a él alcance un grado mayor. Aunque la personalidad del marchador también condiciona este trabajo, existen una serie de normas básicas que deben regir en todo caso la labor del avituallador.

-El marchador es un ser irascible por naturaleza que va aumentando su potencial irascibilidad a medida que va cubriendo kilómetros. No se muestra especialmente orgulloso de ello, por lo que intenta remediarlo, si bien no siempre lo consigue. El avituallador será comprensivo sobre el particular.

-El avituallador evitará animar al marchador con latiguillos como “venga, que tú puedes” o “vas bien, ya falta menos”, que, dadas las circunstancias en que suelen utilizarse, se revelan casi siempre como falsos. El marchador no es tonto.

-El avituallador apoyará al marchador en todas sus decisiones.

-El avituallador evitará también dar noticias instrascendentes sobre la situación de la carrera. Se entienden por intrascendentes todas las noticias relativas a la posición de uno u otro marchador durante las primeras horas de la prueba. La carrera es muy larga.

-El avituallador avituallará de alimento sólido y líquido al marchador en cada vuelta conforme a los planes prefijados. Nunca le preguntará si quiere o no comer o si prefiere beber esto o lo otro. A medida que vaya estando más cansado, al marchador le costará cada vez más esfuerzo ingerir alimentos. Llegado a un punto, si por él fuera, no probaría bocado. Así que el avituallador se lo dará y punto.

-El marchador suele tener hábitos un tanto estrafalarios durante la prueba que no solo se circunscriben a la alimentación (como, por ejemplo, lavarse los dientes por la mañana). Al respecto, el avituallador se guardará muy mucho de manifestar opiniones contrarias.

-El avituallador evitará expresiones del tipo “qué cansado estoy” o “cuánto sueño tengo”. El marchador tiene tanto o más sueño que él y está mucho más cansado y ahí sigue, dando vueltas.

-El avituallador sabe que, aunque el marchador sea parco en palabras, agradece enormemente su ayuda.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Tienes razón en todos y en cada uno de los puntos del 'manual del perfecto avituallador', aunque te dejas uno importante:

- El avituallador dismulará cuando vea que el marchador hace mal cara cuando lo ve o/y intenta escaquearse porque ya está hasta los huevos de que le pregunten.. ¿Qué vas a comer?, o de que se ponga a marchar a su lado a toda leche con la intención (vana) de estimularle (perdón por los 'palabros').

Jajajajaja.

Santiago

la granota dijo...

Vaya