jueves, 18 de octubre de 2007

Lo que pienso


Anónimo ha dejado este comentario en mi anterior post.

Ya puestos y suponiendo que la solución pasa por aumentar las distancias de competición y/o alguna regla como la que atañe a la flexión. ¿Podemos seguir imaginando la marcha circunscrita en los calendarios olímpicos y/o atlético internacionales o debería funcionar autonomamente con federación propia desvinculada de las existentes? ¿La marcha aumentaría en practicantes o por el contrario disminuiría para casi convertirse en un deporte anecdotico de escaso seguimiento por medios y por publicistas?. ¿Que escenario podría esperarnos de aceptar cambios tan drásticos? ¿Q piensas Bernardo sobre estas cuestiones?

Ni que decir tiene que acepto la invitación a explicar lo que pienso.

CREO QUE para recuperar su credibilidad, la marcha debe disputarse sobre distancias más largas que las actuales. Lo he dicho más de una vez. La solunción a los problemas de la marcha no pasa por buscar métodos que permitan detectar las infracciones que se producen, sino por establecer las condiciones para que no se produzcan esas infracciones. Evidentemente, promover como prueba oficial de marcha los 200km conllevaría la exclusión de nuestra especialidad de los programas atléticos de los mundiales y Juegos Olímpicos. No se concebiría la existencia de una prueba que empezara el martes y terminara el miércoles. Desde ese punto de vista la marcha se resentiría enormemente porque perdería la poca popularidad de la que ahora goza gracias a ese par de retransmisiones en directo y unos pocos minutos más en el telediario, y los marchadores deberían abandonar toda esperanza de ganarse la vida practicando su deporte. Pero por contra se ganaría en imagen y, permitidme la palabra, en pureza. Se acabarían las dudas, las discusiones, los dimes y diretes sobre la legalidad del estilo de tal o cual marchador. Se acabarían las fotos comprometedoras y las imágenes ralentizadas dejarían de ser clandestinas. Nadie más podría salir diciendo -como salimos diciendo muchos- que el campeón mundial u olímpico de marcha en realidad no marcha una mierda. El deporte saldría ganando.
Pero... ¿habría más o menos marchadores? Veamos los antecedentes. A finales de los años 20, coincidiendo en el tiempo con la exclusión de la marcha de los Juegos Olímpicos, en la Federación Francesa de Atletismo se produjo una escisión. Un grupo de marchadores, encabezados por Emile Anthoine, decidió ir por libre y crear la Unión Francesa de Marcha y, posterioremente, la Federación Internacional de Marcha. Anthoine y los suyos defendían que la marcha solo tenía sentido si se disputaba sobre distancias superiores a las propias de la carrera a pie. Con esta idea se creó la París-Estrasburgo, de 500 km de recorrido, y nació un buen número de pruebas de 24 horas y 200 km a lo largo del país y en países vecinos como Bélgica y Suiza. Los marchadores y clubes que dejaron la Federación de Atletismo para pasarse a la Unión Francesa de Marcha fueron muchísimos. Tal es así que el conflicto duró hasta mediados de los 60, cuando, después de que en los JJOO de Tokio los marchadores franceses (internacionalmente solo se reconocía como tales a los de la FFA porque, además, los de la UFM recibian premios en metálico en sus pruebas y eran considerados profesionales) pasaran casi inadvertidos, fueron las propias autoridades deportivas del país las que decidieron intervenir y conminaron a la UFM a volver al redil. Al final lo hizo, sí, pero con condiciones. Se creó el Comité de Marcha de la FFA y se concedió carácter oficial a las pruebas de gran fondo.
En la actualidad se disputan en Francia campeonatos nacionales de 100 y 200 km. Y lo cierto es que hay tantos marchadores de 24 horas en Francia como de 20 km en España.

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