miércoles, 17 de octubre de 2007

El mito del chip prodigioso


Esto lo escribí hace tiempo en otro lugar (y en otro más), pero comoquiera que el tema es recurrente en los foros de marcha, lo recupero ahora aquí.

Cada vez que en una competición de marcha de carácter internacional se produce un escándalo que da lugar a diferentes posicionamientos a favor y en contra de la eliminación de nuestra especialidad de los grandes eventos deportivos (léase Juegos Olímpicos), sale alguien asegurando tener la solución definitiva para el problema: la utilización de un chip electrónico que, colocado en las zapatillas, revelaría objetivamente si el atleta en cuestión pierde o no contacto con el suelo. Pero… ¿alguien ha visto alguna vez ese chip? ¿De verdad existe? ¿O se trata más bien de un mito al estilo de la piedra filosofal o –ya en la historia más reciente- el automóvil que funciona con agua del grifo?
Con todo, cabe también preguntarse si, de existir, su utilización sería factible. Yo no lo creo, francamente. Y no solo porque en mi opinión la solución al problema no está tanto en el recurso a la utilización de medios tecnológicos como en la toma de decisiones valientes por parte de federativos y jueces, los primeros en la línea de aumentar las distancias sobre las que se disputan las pruebas y los segundos aplicando el reglamento a todos por igual. Para empezar, el empleo del supuesto chip prodigioso obligaría a una redefinición –explícita o tácita- de lo que es la marcha. Porque este sistema, más que determinar la legalidad o ilegalidad de la técnica de un marchador, lo que haría realmente es cuantificarla en términos de infracciones puntuales. Es decir, computaría el número de pasos que el marchador habría efectuado sin respetar la regla del contacto permanente con el suelo. Una vez contados todos, ¿qué número de pasos “antirreglamentarios” se supone que debería permitirsele dar a un marchador antes de proceder a descalificarlo? ¿Veinte, treinta, cuarenta...? ¿Cien en los veinte kilómetros y doscientos en los cincuenta? Pongamos que ese número se estableciera a partir de un porcentaje fijo para todas las pruebas. ¿Qué tal un uno por ciento? Eso significaría que a partir de ese momento la marcha sería de hecho una progresión de pasos efectuada de tal forma que el contacto con el suelo se mantuviese sin interrupción en un 99 por ciento de los mismos. Todo un sinsentido, porque supondría dar por bueno que para juzgar de forma efectiva la marcha se debería permitir correr un poco.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya puestos y suponiendo que la solución pasa por aumentar las distancias de competición y/o alguna regla como la que atañe a la flexión. ¿Podemos seguir imaginando la marcha circunscrita en los calendarios olímpicos y/o atlético internacionales o debería funcionar autonomamente con federación propia desvinculada de las existentes? ¿La marcha aumentaría en practicantes o por el contrario disminuiría para casi convertirse en un deporte anecdotico de escaso seguimiento por medios y por publicistas?. ¿Que escenario podría esperarnos de aceptar cambios tan drásticos? ¿Q piensas Bernardo sobre estas cuestiones?